Neyda

A propósito del Día Mundial del Donante de Sangre, conversamos con Neyda Luz Nocedo Alburne, médico especialista en laboratorio clínico que conoce el banco de sangre desde ambos lados: el del profesional que procesa y el del donante que tiende el brazo. Neyda Luz lleva en la institución desde 1993. Tres décadas viendo pasar la sangre por tubos y microscopios. Pero hubo un momento en que decidió no solo analizarla, sino entregar la suya propia. "Es un gesto totalmente humanista, es nuestra voluntad de salvar vidas", resume con sencillez.

Su primera vez fue de emergencia, como casi todas las historias que marcan. "Fue una noche. Me llamó la directora, que estaba una puérpera sangrando y necesitaba la sangre de nosotros. Era bastante tarde, sobre las 11 de la noche. Nos fueron a buscar y vinimos". Esa madrugada, alrededor de las tres, Neyda Luz hizo su estreno como donante. Su grupo sanguíneo, O positivo, el mismo que corre por las venas de tantos donantes que sostienen el banco.

SIN MIEDO A LA AGUJA

¿Temor? Ninguno. "Como especialista en laboratorio clínico, nosotros estamos acostumbrados a sacar sangre y a ver sangre. No nos da temor", aclara.

Al principio donaba sangre total cada tres meses. Luego dio el salto al programa de plasma, donde la frecuencia se intensifica: cada diez días. Explica la diferencia con precisión de manual: "La sangre total requiere tres meses para que la médula ósea se recupere. En el plasma, solo se extrae la parte líquida, las proteínas, y el resto se reincorpora al donante. En diez días está repuesto".

EL SUSTO QUE NO LA DETUVO

No todo fue rutina. Una noche, también de urgencia, sufrió una lipotimia. "me vi mal, me asustó un poco", confiesa.

Pero el episodio, lejos de alejarla, sumó a otro a la causa. "Hasta mi esposo vino y donó. Siempre estamos dando el paso al frente", recuerda. En su casa no hubo reclamos ni súplicas para que se retirara. Hubo ejemplo.

DOS MIRADAS, UNA MISMA ESENCIA

Neyda Luz fue donante hasta hace apenas un año, cuando las regulaciones le indicaron que ya no podía seguir. Fueron más de dos décadas —desde los años 90 hasta 2024— poniendo el brazo.

Como doctora, el programa de donaciones le merece una reflexión que cierra con urgencia: "La institución necesita que nuestros trabajadores, que nuestro pueblo dé ese paso al frente cada vez que se necesite, porque nuestro mayor momento del altruismo es el momento en que se necesita dar el paso al frente".

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