
Las Tunas.- Cada tercer domingo de julio, Cuba dedica la jornada a celebrar a sus niños y niñas, que ocupan un lugar especial en el corazón de nuestra sociedad. Esta fecha se convierte en un momento perfecto para detenernos a pensar en la belleza y valor de la infancia.
Los pequeños tienen algo que las personas mayores vamos perdiendo sin darnos cuenta, y es esa mezcla de inocencia y sabiduría. Y no se puede decir que son solo ocurrencias, porque si nos detenemos a escucharlos de verdad, nos damos cuenta de que ellos ven el mundo con una claridad que a nosotros se nos va borrando entre las preocupaciones de la vida.
A veces hacen preguntas que apreciamos sin sentido, pero ellos esperan con inmensa confianza que tengamos las respuestas, y cuando no cumplimos, te las inventan con una lógica que a veces te puede dejar callado.

He visto niños y niñas en los barrios que te explican cómo se siembra una planta con la misma seguridad con que otros te hablan de sus juegos favoritos. Y he visto, sobre todo, esa capacidad enorme que tienen de asombrarse, de preguntar sin miedo.
He visto cómo se conduelen ante la injusticia, cómo besan en la mejilla a su maestra; cómo andan hoy, aunque en casa se intente lo contrario, preocupados por la escasez, sin dejar a un lado la esperanza. He visto, con todo orgullo, cómo saben de sus derechos, y de convertir en juguete divertido al objeto más inanimado del orbe.
Adulto, déjate sorprender por su manera de asumir la vida, y si tienes la suerte de tener uno cerca, abrázalo fuerte, dedícale tiempo; en esta época tan complicada es el mejor regalo que pueden recibir. Feliz Día, a ustedes, que con su grandeza de espíritu son la historia más bonita que podemos contar.

