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Las Tunas.- Sonia Peña Valdés, máster en Psicología Educativa, lleva más de cuatro décadas ligada a la educación en Las Tunas, desde los tiempos de la Escuela Pedagógica hasta la Universidad. Pero hay tres momentos en su vida que guarda con especial celo: aquellos en los que estuvo a pocos metros, muy cerca, de Fidel Castro Ruz. Tres encuentros que, según confiesa, le enseñaron que la grandeza de un líder se mide por su capacidad de escuchar.

Formaba parte de un grupo de jóvenes llenas de anhelos y con el título que las acreditaba como maestras aún fresco entre las manos. “Graduarnos en la Escuela Pedagógica resultaba el mayor sueño perseguido durante años”.
Transcurría enero de 1978, ese plantel aquí lucía como un hervidero de actividad, y Sonia, con apenas 18 años, integraba el claustro de las profesoras recién graduadas que se habían quedado en la institución. “Parecía un día como muchos otros y estábamos de limpieza, nunca nos imaginamos que en ese instante Fidel llegaría”, recuerda.

sonialas tunas“Estar frente al Comandante era impresionante; su figura esbelta, cargada de hechos extraordinarios, convertía esos minutos en algo sublime, oportunidad única para conocer a un ser especial colmado de simbolismo.

“Él se interesó por todos, por la juventud, por la necesidad de que siguiéramos superándonos”, cuenta. Pero también habló de algo más: las misiones internacionalistas que se avecinaban en la República de Nicaragua. “Era alguien que inspiraba una emoción tremenda; amable, educado y, sobre todo, comunicativo”.

Entre tantas, hubo una cualidad que la marcó por encima de cualquier otra: “Lo más significativo que tenía Fidel era que sabía escuchar. Él sabía de todo, te hacía preguntas, pero te escuchaba primero. Ese nivel de comunicación que sostenía con las personas era muy valioso”.

Aquella vivencia sería el inicio de un lazo que se repetiría dos veces más. Ese mismo año, Sonia participó en el Festival de la Juventud y los Estudiantes, cónclave en la que el mandatario tuvo un contacto con los delegados cubanos.
Luego, en 1980, Peña Valdés fue seleccionada para cumplir con la misión de la que había sabido por uno de sus más notables promotores en aquella cita primera: iría a Nicaragua como maestra primaria.

“Para Fidel, lo más importante no eran los grandes líderes ni las reuniones formales. Para él lo más importante eran los trabajadores, saber cómo estaban, como se sentían, la preocupación por el ser humano”, afirma con la voz temblorosa de emoción.
Justo antes de partir para tierra nica volvió a tener al hombre de verde olivo delante. “Eso fue muy emocionante, guardaré ese recuerdo para siempre”.
Sonia se refiere hoy al Comandante con el mismo entusiasmo que el día que lo conoció. Y ella sigue trabajando en el Departamento de Pedagogía y Psicología, formando a nuevas generaciones de educadores con un ímpetu muy similar de cuando emprendió esta carrera con apenas 18 años.
La profe atesora con orgullo las memorias de sus tres encuentros con Fidel, quien supo escuchar sus sueños de juventud y los acompañó en su camino hacia el magisterio.

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