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Las Tunas.- El inicio de un nuevo curso escolar siempre trae consigo nuevos proyectos, la ilusión de los reencuentros y un nuevo futuro. En el Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas (IPVCE) Luis Urquiza Jorge, ese ambiente cobra voz propia cuando conversamos con sus estudiantes.

Hoy, dos de ellos, Pedro Daniel Pérez Santana y Lin Isabela Acosta Marrero, nos abren las puertas de sus aspiraciones, sus desafíos y la manera en que enfrentan este nuevo período académico.

Pedro Daniel no oculta que este año es un escalón decisivo. Para él, el esfuerzo es una necesidad imperiosa. “Para este curso pretendo conseguir los mejores resultados posibles para aspirar a una buena carrera en un futuro y hacerlo lo mejor que pueda”, afirma.

“Estamos en una situación en la que no queda de otra más que hacer lo mejor que podamos, pues no se puede aspirar a buscar unos resultados mediocres, nunca, y más en este momento”, añade.

alumnos ipvce 1Del otro lado, la perspectiva tiene otra mirada, Lin Isabela Acosta Marrero, presidenta de la (FEEM) Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media, lleva sobre sus hombros la responsabilidad de representar a sus compañeros y también la de trazar su propio camino estudiantil.

Cursando el 11º grado, ella mira el futuro con ganas de superación y estudio. “Este curso escolar espero tener mejores notas, y también pues que los concursos vuelvan, esperemos eso”, comenta, reflejando el anhelo compartido de recuperar esas competencias que tanto enriquecen la vida intelectual del centro.

“Mis metas son simplemente concentrarme en mis estudios y obtener las mejores notas posibles para el siguiente curso, poder elegir una carrera buena”, comenta.

Detrás de cada expediente y cada examen, está un sostén que muchas veces no se ve y es la familia. En el caso de Lin Isabela, el apoyo incondicional es el combustible que le permite sortear la distancia.

“Mi familia está contenta de que continúe en la institución, pues ellos me apoyan como siempre, aunque es bastante difícil por lo lejos que me queda la casa, pero igual me apoyan mucho”, confiesa con gratitud. Esa fuerza que le da la familia, a pesar de los kilómetros, se convierte en el ancla que la mantiene firme en sus propósitos.

Una vez más se demuestra que el IPVCE forma mentes brillantes. Mientras el curso avanza, ellos seguirán escribiendo con ejemplo, la historia de una generación que elige soñar en grande.

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