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Las Tunas.- Isabel Cristina Noris Mora aparece con el rostro encendido por el calor, aunque eso se le pasa en un instante. Está a punto de encontrar eso que muchos buscan sin saber dónde: la felicidad. Ella la encuentra cada día en el salón del círculo infantil Futuros Constructores.

Su historia es un largo camino de entrega a una de las profesiones más nobles que existen, porque trabaja con lo más valioso: los niños, esos que algún día serán los diamantes de la sociedad.

Es graduada como educadora en 1981 en la provincia de Holguín, donde cursó cuatro años, ejerciendo años más tarde en el municipio de Rafael Freyre, para luego trasladarse a la provincia de Las Tunas, donde trabaja desde entonces.

“El amor por los niños siempre ha sido lo primero para mí”, confiesa con una ternura que conmueve, mientras trata de ordenar su timidez y los recuerdos que se agolpan al evocar sus primeros años en su vocación. Ese día, sin embargo, estaba sentada frente a mí en una de las aulas del círculo infantil, y sonrió, aunque en un primer momento se apenaba por conversar conmigo.

Lleva 45 años de graduada. En este centro suma más de 30 años, aunque con interrupciones. Antes de llegar aquí pasó por el círculo infantil Tres Casitas y después por Zapaticos de Rosa.circulos nora 2

Luego de su jubilación, estuvo un año en su hogar. Pero decidió volver. “Por una decisión propia, por una necesidad, por el sentimiento de querer seguir trabajando para ayudar a cuidar a los niños que tanta necesidad tienen”, dice. Y aquí está, dando todo hasta que se pueda.

Siempre ha trabajado en edad temprana, en segundo y tercer año de vida. Sabe que son años difíciles. “Los niños necesitan de ese cuidado especial, por parte de los adultos, porque son muy pequeños”, explica. “Pero no lo cambia por nada”, comenta.

En medio de la entrevista, la maestra es interrumpida, un pequeño se acerca. “Tía, ¿qué tal?”, le dice ella. “¡Lindita! Mira, ven aquí con la muñequita. Mira, cógela”. La escena resume su día a día: la conversación y el aula se mezclan, porque los niños están siempre en el centro. No hay pausa que no sea para atenderlos.

“Lo más importante es el amor, el cariño, la confianza, que se sientan protegidos por nosotros. En eso se basa nuestro método educativo. Los niños permanecen en el círculo gran parte del día. Siempre estamos con ellos aquí. Nunca van a sentirse solos”.

A sus 45 años de graduada, sigue eligiendo el mismo camino. Maestra reincorporada que volvió cuando podía quedarse en casa. Lo hizo por los niños, por ese cuidado especial que solo se aprende con los años y con el cariño.

En el regazo de Isabel se desbordan los afectos y hay lugar para todos. Es la virtud que solo tienen los buenos maestros y las madres.

 

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