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Las Tunas.- Durante décadas resultó habitual asociar a Labiofam con medicamentos veterinarios, vacunas o productos farmacéuticos. Hoy la empresa sigue haciendo todo eso. Pero también fabrica una pregunta: ¿y si un alimento pudiera convertirse en parte de una estrategia de salud?

El yogur probiótico elaborado con leche de búfala nace precisamente desde esa lógica. Su formulación incorpora bacterias beneficiosas destinadas a favorecer el equilibrio de la microbiota intestinal, un ecosistema microscópico que influye en funciones digestivas y participa en procesos relacionados con el llamado eje intestino-cerebro. La ciencia acumula años estudiando esa conexión y Labiofam precisamente decidió llevarla a una producción.

No se trata de presentar un alimento como medicamento, se enfoca en utilizar un alimento para acompañar procesos donde determinados tratamientos pueden alterar la flora intestinal y hacer necesaria su recuperación mediante microorganismos beneficiosos.

La empresa comenzó pensando en quiénes los necesitaban primero. Por eso, la producción inicial atiende principalmente a niños con necesidades específicas y proyecta su crecimiento hacia hospitales pediátricos, casas de niños sin amparo parental y otras instituciones donde una mejora nutricional puede convertirse también en una mejora de la calidad de vida.

Solo después llegará otro desafío. Llevar ese mismo producto al resto de la población cuando las capacidades productivas lo permitan.

El queso elaborado con leche de búfala completa esa apuesta por aprovechar mejor una materia prima que durante años tuvo un espacio mucho más reducido dentro del consumo cotidiano.

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LA RAÍZ QUE QUIERE CAMBIAR UNA CADENA PRODUCTIVA

Pocas veces una yuca obliga a mirar una fábrica, esta sí. Labiofam trabaja en un proyecto para transformar almidón de yuca en maicena mediante tecnología especializada. Contado así, pudiera parecer una sustitución industrial más, pero adquiere otra dimensión cuando se sigue el recorrido del proceso y se observa todo lo que puede derivarse de una misma materia prima.

La obtención de ese almidón no se limita a la elaboración de un solo producto. La misma maquinaria permitiría producir sorbitol, un insumo utilizado en detergentes, formulaciones farmacéuticas y otros procesos industriales que hoy dependen de suministros externos.

En un contexto marcado por el llamado a sustituir importaciones y aportar desde la ciencia, esa posibilidad amplía el alcance del proyecto, pues la disponibilidad local de la materia prima abriría nuevas capacidades para sectores que requieren componentes específicos. Entre ellas figura la fabricación de recubrimientos para comprimidos farmacéuticos, una aplicación que contribuiría a fortalecer las producciones asociadas al sector biotecnológico en la provincia.

La propuesta coloca a la yuca en un escenario diferente al tradicional. De un cultivo destinado principalmente al consumo, pasa a convertirse en un recurso con potencial industrial, capaz de generar encadenamientos entre la producción agrícola, la industria química y la esfera farmacéutica.

RESPONDIENDO AL LLAMADO

Diversificación es uno de los sustantivos que catalogan actualmente a la empresa; sumado a todo lo anterior se encuentra ya en producción y disponible a la venta, un desincrustante que combina hidróxido de sodio y detergente en una formulación propia destinada a la limpieza de superficies, con una versión menos concentrada para usos cotidianos y un detergente colorado.

A su lado crece otro desarrollo de fabricación interna: un insecticida concebido para combatir insectos, pulgas, garrapatas y otros artrópodos presentes en el hogar.

Esta variedad de productos abrió un diapasón de oportunidades, sin perder de vista, los proyectos ya empezados y reconocidos de una industria que lleva décadas aportando al territorio.

El Biocan continúa respaldando programas pecuarios vinculados a la producción de leche, carne y huevos. Las vacunas veterinarias sostienen la atención sanitaria de la masa ganadera. Flormá, Asmazán, los jarabes de romerillo y orégano y una cartera de infusiones que supera las seis variedades mantienen una línea farmacéutica en el territorio.

Hoy, todas estas producciones empiezan a comportarse como una misma red, con una palabra que atraviesa casi todos estos proyectos -encadenamiento-, al ser el método de colaboración que debe existir entre entidades subyacentes para lograr mayor producción y comercialización.

Las producciones cooperadas con la Empresa Apícola, Labiofam Granma y Labiofam Sancti Spíritus ya forman parte del presente. Las conversaciones con el sector pesquero para desarrollar colágeno y con Geocuba para incorporar drones a la fumigación agrícola apuntan hacia una cooperación donde la tecnología deja de pertenecer a una institución y comienza a circular entre varias.

Quizás el error consista en contar esta historia empezando por los productos, porque ninguno nació solo; antes hubo una pregunta, después una investigación, luego una alianza, más tarde una fábrica y finalmente un frasco, un yogur, una infusión o un desincrustante. Esa capacidad de demostrar que, cuando la ciencia consigue abandonar el laboratorio sin perder el rigor, empieza a fabricar algo más difícil que un producto, empieza a fabricar futuro.

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