Sábado, 23 Junio 2018 07:20

Cuando la cigüeña se retrasa

Escrito por Yuset Puig Pupo

Las Tunas.- Néstor conoció a Any en pleno verano. Se enamoraron de prisa. En algún momento él tuvo sus dudas porque ella era mucho menor, con gustos y expectativas diferentes, pero tenía la mezcla ideal entre desenfado y transparencia, algo que él pensó que no encontraría en ninguna muchacha. Todo parecía ser perfecto.

Durante varios años vivieron aventuras, compartieron metas y se convirtieron en lo más importante el uno para el otro. La joven halló la manera de amoldarse a las labores del hogar e, incluso, dedicar tiempo para superarse profesionalmente. En algún momento ambos empezaron a experimentar la necesidad de tener un hijo, de darle otro sentido a su existencia.

Al principio pensaron que sería cosa sencilla. A su alrededor otras mujeres, menos preparadas para la maternidad lucían sus barrigas enormes. Las amigas de la Universidad de Any ya todas tenían sus bebés. ¿Qué podía salir mal?

La cuestión empezó a complejizarse cuando el médico de la familia remitió a la joven pareja a tratarse en la consulta de Infertilidad. Desde ese momento comenzaron a sembrarse dudas entre ellos, también un halo de miedo, aunque ambos no se atrevían a reconocerlo.

Algunos familiares y amistades hicieron malos pronósticos, pues con tantos años de matrimonio era difícil que no hubieran logrado concebir ni en una ocasión. Todo ese ruido lastró de alguna manera la confianza de Néstor y su esposa, aun cuando los especialistas desde el inicio les aconsejaron afrontar el problema con mucho optimismo.

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Después de varias terapias y casi un lustro de intentos frustrados, Any cargó en su vientre una niña preciosa que hoy lleva de la mano mientras se acaricia la barriga abultada por su segundo retoño. Néstor cuida con celo a sus dos mujercitas. El miedo es ahora una sombra del pasado. El destino no estaba escrito, solo era necesario un poco de paciencia.

Como esta familia, otras tantas enfrentan situaciones similares, algunas, incluso, no suelen conseguir su mayor anhelo. De acuerdo con cálculos conservadores, cerca de 200 mil parejas cubanas son hoy infértiles, catalogadas así luego de mantener relaciones sexuales estables y frecuentes sin lograr un embarazo en el término mínimo de un año.

Entre las causas de la situación se inscriben los trastornos endocrinos, lo mismo para hombres que para mujeres. En los varones resalta la mala calidad de los espermatozoides y afecciones testiculares; en tanto a las féminas las aquejan daños uterinos e infecciones del aparato reproductor que pueden acarrear obstrucciones tubáricas.

En la actualidad funcionan múltiples alternativas de atención a la infertilidad, que incluyen exámenes y procedimientos por parte del equipo básico de Salud en el consultorio médico, y la remisión a la consulta municipal de Atención a la Pareja Infértil, donde un equipo multidisciplinario determina la causa desencadenante y cómo proceder. Con frecuencia, el 60 por ciento de los casos puede encontrar solución en esa instancia.

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Tener un hijo es cada vez más viable. Pero muchos de los hogares donde se dificulta suelen rodearse de una bruma con implicaciones subjetivas y emociones encontradas. Para los hombres es más difícil y a veces no piden ayuda médica porque el imaginario social, como tendencia, asocia la infertilidad masculina a poca hombría.

A veces la cigüeña se retarda un poco, siembra miedos, y hasta deja a muchas mujeres acariciándose eternamente la ausencia en su vientre. Pero el primer paso ante estas situaciones es reconocer el problema y buscar asesoramiento. No vale la pena regalar la canastilla antes de tiempo. Por más difícil que resulte, tener un bebé compensa todos los esfuerzos.

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