Lesbia de la Fe narra cuentos en un remedo de cuando los sabios de la tribu se sentaban alrededor del fuego: aquellos pueden ser suaves o encrespados, irónicos o amorosos, pero siempre galantes y vibrátiles, como los atardeceres.
Lesbia juega, a veces, a ser niña, mariposa volandera o papalote, y entonces se hace el milagro de los cuentos infantiles; otras, alienta, reanima, hace sonreír, gracias al prodigio del vocablo oportuno, elíxir eficaz que ella adecua a diversos tipos de públicos: niños, adolescentes, adultos de cualquier edad, con los que la cuentera establece una especie de sinergia que imanta y seduce.
Luz y poesía fue el recital que ofreció en octubre pasado la narradora oral, también poetisa y escritora dedicada a niños y jóvenes, para celebrar los 50 años de su accionar cultural y los 30 de la Fundación del Comité Provincial de la Uneac. Allí estuvimos, allí vivimos historias de fantasía y verdad.
El repertorio de la cuentera es amplio y variado, incluye obras literarias diversas, clásicas en su mayoría, que conforman el patrimonio intangible universal. Con un modo singular a la hora de narrar, lo hace sin histrionismos, con ademanes suaves y agradables, como si susurrara, pero con un exquisito dominio del verbo, la voz y el auditorio, elementos que la convierten en una comunicadora sabia y elegante.
Las palabras caían como estrellas fugaces y vivificaban cuerpo y alma, las palabras encendieron miríadas de lucecitas multicolores. Lesbia de la Fe es una cuentera de ave y flor.






















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