Caracas, capital de Venezuela, foto tomada el 2 de diciembre de 2025.
Vista de la ciudad de Caracas, capital de Venezuela, tomada el 2 de diciembre de 2025. Foto: Xinhua

El 3 de enero de 2026, el presidente estadounidense Donald Trump anunció a través de las redes sociales que los Estados Unidos habían lanzado un ataque militar a gran escala contra Venezuela, capturando al presidente Nicolás Maduro y a su esposa. Esta acción situó la controversia sobre la legalidad de la “intervención militar en los asuntos internos de otro país” en el centro de la opinión pública internacional.

Un portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino declaró el 3 de enero que China está profundamente conmocionada por el uso descarado de la fuerza por parte de los Estados Unidos contra un estado soberano, y por las medidas tomadas contra su presidente, y las condena enérgicamente. Estos actos hegemónicos de los Estados Unidos violan gravemente el derecho internacional y la soberanía de Venezuela, y amenazan la paz y la seguridad en la región de América Latina y el Caribe.

En ausencia de la autorización del Consejo de Seguridad de la ONU, y dado que el país objetivo no representa una “amenaza inmediata”, ¿qué base jurídica sustenta la acción militar de los Estados Unidos? ¿Implica esto un resurgimiento violento de la Doctrina Monroe en el siglo XXI? Más alarmante aún, ¿podría este precedente erosionar los cimientos mismos del orden internacional de la posguerra, abriendo potencialmente la caja de Pandora para que las potencias hegemónicas interfieran arbitrariamente en los asuntos internos de otras naciones?

La “legitimidad” de la operación estadounidense se basa enteramente en una lógica construida por ella misma. Según el artículo 2(4) de la Carta de las Naciones Unidas, los estados soberanos no deben “amenazar o utilizar la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de otro Estado”, salvo en caso de “legítima defensa” o con la autorización del Consejo de Seguridad. Sin embargo, Venezuela no ha lanzado ataques armados contra los Estados Unidos ni se ha demostrado que posea “armas de destrucción masiva” o “amenazas terroristas”, motivos habituales para tal autorización.

Los Estados Unidos se limitaron a invocar “operaciones antidroga”, pero no aportaron pruebas concretas de la participación directa del Gobierno de Maduro en las redes internacionales de tráfico de drogas. Una encuesta realizada por CBS News entre el 19 y el 21 de noviembre reveló que solo el 13 por ciento de los encuestados consideraba que Venezuela era una amenaza importante para la seguridad de los Estados Unidos. Otro 48 por ciento la consideraba una amenaza secundaria, mientras que el 39 por ciento no la consideraba una amenaza en absoluto. Cabe destacar que el 70 por ciento de los encuestados se opuso a la acción militar de los Estados Unidos.

A los ojos de muchos observadores internacionales, la acción de los Estados Unidos en esta ocasión es una variante de la Doctrina Monroe del siglo XIX en el siglo XXI. La Doctrina Monroe surgió a principios del siglo XIX, declarando inicialmente que “América es de los americanos”, pero en realidad consideraba a América Latina como el “patio trasero” de los Estados Unidos, prohibiendo a las potencias europeas interferir y proporcionando un pretexto para que los Estados Unidos interviniera en los asuntos internos de América Latina.

Sin embargo, a medida que avanzaba la Historia, este principio se convirtió gradualmente en una herramienta para que los Estados Unidos dominara el hemisferio occidental e interfiriera arbitrariamente en los asuntos internos de los países latinoamericanos. Las estadísticas muestran que, desde el golpe de Estado respaldado por la CIA en Guatemala, en 1954, que derrocó al presidente electo Jacobo Árbenz Guzmán, hasta la invasión militar de Panamá en 1989, que capturó al entonces presidente Manuel Noriega, los Estados Unidos llevaron a cabo un total de 13 operaciones de intervención en América Latina durante la Guerra Fría.

En diciembre de 2025, la administración Trump dio a conocer el Informe sobre la Estrategia de Seguridad Nacional, que introdujo por primera vez el “Corolario Trump” de la Doctrina Monroe, estableciéndolo como el marco para la nueva era de la política “America First” (los Estados Unidos primero). El informe definía el hemisferio occidental como “la primera línea de la seguridad fronteriza de los Estados Unidos, las cadenas de suministro críticas y la competencia geopolítica”, y hacía hincapié en la necesidad de impedir que “adversarios externos” desplegaran fuerzas militares o controlaran activos estratégicos en América Latina mediante despliegues militares, intervenciones económicas y presión política. Sin duda, esta operación militar se convirtió en un campo de pruebas para la ideología del Corolario Trump.

La renovada intervención militar de los Estados Unidos contra una nación soberana latinoamericana refleja la lógica de la histórica Doctrina Monroe. Esta medida ha difuminado de manera inequívoca la línea roja entre la soberanía estatal y la injerencia externa en el derecho internacional. Envía una señal peligrosa al mundo: la soberanía de una nación ya no es absoluta. Si sus asuntos internos no cumplen con los estándares de una gran potencia externa, esa potencia puede intervenir militarmente o incluso derrocar a su Gobierno. Esta provocación flagrante contra todos los estados soberanos socavará gravemente la estabilidad y la seguridad mundiales.

Lo más alarmante es que esta descarada maniobra de los Estados Unidos sienta un precedente extremadamente peligroso. Si una potencia mundial puede imponer arbitrariamente “cambios de régimen” a otras naciones mediante su propia fuerza, haciendo caso omiso de los marcos jurídicos internacionales y la autoridad de la ONU, todo el orden internacional de la posguerra corre el riesgo de colapsar. Tales acciones animarían a otras grandes potencias a seguir su ejemplo, juzgando e interfiriendo en otros países según sus propios criterios, y sumiendo al mundo en una ley de la selva en la que solo sobrevive el más fuerte. Las naciones débiles nunca encontrarán la paz, ya que pueden convertirse en víctimas de la competencia entre las grandes potencias en cualquier momento. Si esto continúa, el sistema internacional basado en la igualdad soberana y la no injerencia en los asuntos internos se convertirá en una mera formalidad, empujando al mundo de nuevo al borde del caos y la guerra.

Si la comunidad internacional permite que los Estados Unidos pisoteen el derecho internacional, el coste final será la paz y el futuro de toda la humanidad. La Venezuela de hoy podría convertirse mañana en cualquier país. (CGTN).

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