resiliencia las tunas

Las Tunas.- Existen personas que tienen la capacidad de inyectar energía con solo escucharlas; seres que son ejemplo de resistencia y cuya historia imprime deseos de vivir. Aimée Espinosa Rivero pudo haberse rendido ante aquel crudo dictamen médico, pero decidió levantarse, luchar por sus sueños y crecerse frente a toda adversidad.

Creció con unos padres maravillosos, de los que vive orgullosa y quienes, a la vez, sienten satisfacción por ella. Fue una niña “muy activa”, de esas que no se perdían una participación en matutinos, que declamaba poesías revolucionarias -sus preferidas- y hasta cantaba algunas veces.

No obstante, desde la Secundaria Básica definió cuál sería su profesión. La llegada de un hermano, quien nació con una parálisis cerebral infantil, la marcó a nivel sentimental e hizo que optara por la carrera de Educación Especial. Sus desvelos se volcaron a este fin, se licenció en esa enseñanza y la ejerció con todo el amor posible.

Sin embargo, tiempo atrás una sombra ya la venía persiguiendo. El diagnóstico de una paraparesia espástica genética llegó de golpe en pleno desarrollo profesional. La debilidad en los miembros inferiores empezó a dificultarle el trabajo con los niños y el estar constantemente detrás de ellos. Por esa razón tuvo que renunciar al magisterio.

“Desde niña noté algo, pero no era tan significativo para mí porque corría y hacía todo lo demás. Caminaba de una forma u otra, aunque alguien se percatara de que no era normal. No obstante, continué con mi vida y a los 25 años me hice unos estudios, pues comencé a presentar mayores limitaciones”, cuenta.

La noticia fue dura, sí, pero las ganas de trabajar y mantenerse activa fueron más fuertes. Le tocó estar en casa cinco meses sin poder hacer nada, pero estaba decidida a no quedarse allí. Usa el bastón porque a veces pierde el equilibrio, pero su fuerza interior sigue hoy más firme que nunca.

Tal vez otra persona se hubiera amilanado, pero esta joven valiente entendió que los sueños no deben limitarse. Los deseos de superación aumentaron y hoy continúa aportando a la sociedad desde otra trinchera: la empresa Labiofam, donde se desempeña como especialista en Gestión Documental.

Además de su entrega profesional, Aimée es un ejemplo de constancia en el trabajo de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC). La labor como activista desde edades tempranas le permitió ejercer durante un tiempo como miembro del Secretariado No Profesional del Comité Municipal. Esa entrega comenzó desde la infancia, pues su madre, federada consagrada, siempre la motivó a contribuir en las tareas del bloque comunitario.

De pequeña no solo gustaba de acompañarla y ayudarla en las actividades, también guarda una deuda de gratitud hacia la organización que, desde una labor mancomunada, atendía a su madre en casa y la ayudaba con el cuidado del hermano.

“Ella tuvo que acogerse a la resolución de madre cuidadora y la apoyé con el trabajo de la federación. La FMC en Cuba tiene gran importancia porque es la agrupación que nos reúne y constituye una vía para expresar nuestras necesidades, a través de la Casa de Orientación a la Mujer”, pondera.

El diálogo con Aimée nos recordó que no existen imposibles cuando hay voluntad. Cada día se impone ante la discapacidad y demuestra que ella es mucho más que un diagnóstico médico. En su voz se perciben los deseos de seguir adelante porque aún quedan metas pendientes.

A pesar de los obstáculos que aparecieron en el camino, hoy tiene un gran tesoro que la enorgullece. Las poesías que recitaba de niña no se han olvidado, pues la pequeña Anabel Talía sigue sus pasos y llegó para recordarle que el sol nunca deja de brillar. Aimée decidió crear luz propia y convertirse en un ejemplo de resiliencia, aunque deba llevar como compañero a su bastón.

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