Ariel2 centenario de Fidel Las Tunas

Las Tunas.- A los 67 años de edad, Ariel Carmenate Vázquez no ha dejado de trabajar y afirma que lo hace inspirado en el legado del invicto Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz y enfatiza: “Yo siempre he sido fidelista. Lo admiraba y lo admiro mucho. En lo que pueda ayudar a la Revolución yo estoy, y estaré, presente”.

No son meras palabras. Es una convicción que traduce en hechos. Se jubiló después de cumplir los 55 años, tras más de 46 de labor, con dos décadas desafiando, a golpe de responsabilidad y disciplina, los riesgos como liniero energizado (trabajo en caliente). “Esa labor está regulada por normas de seguridad y salud que la hacen posible”, comenta.

A Fidel dedica su trayectoria en la Empresa Eléctrica de Las Tunas y un currículo distinguido cinco veces con la Condición de Vanguardia Nacional del sindicato y otros tantos con la de Trabajador Destacado anual.
Por esa razón, 12 meses después de su retiro volvió al sector, desde entonces y hasta estos días, como instructor para adiestrar a jóvenes linieros en el difícil y peligroso oficio de lidiar con líneas energizadas. En su aval para ese magisterio sobresale que fue jefe de la brigada en caliente a partir de 1997.

Sigue entregado al trabajo, porque sabe que “es el escenario principal para honrar todos los días la memoria de Líder Histórico de la Revolución”. Es una decisión que lo identifica y define en su esmerado desempeño por el buen aprendizaje de los alumnos que atiende en los terrenos de práctica de la unidad empresarial de base de Formación y Desarrollo, perteneciente a la entidad tunera.

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EL ENCUENTRO

Aunque su trayectoria está colmada de emociones, “ninguna como la experiencia que viví la noche del domingo 16 de marzo de 1997 en la residencia de la entonces embajadora de Cuba en Jamaica, a donde acudió Fidel después de asistir a las honras fúnebres de Norman Michael Manley (Kingston, 10/12/1924-6/3/1997), ex primer ministro de la Isla caribeña y gran amigo de Cuba.

“Sabíamos que el Comandante estaba en Kingston, pero no imaginábamos que se reuniría con nosotros -se refiere a los integrantes de las cinco brigadas de colaboradores cubanos del sector eléctrico que daban mantenimiento a líneas energizadas en la capital jamaiquina y de otro grupo de electromédicos que cumplían misión internacionalista en ese país”, rememora.

“Por la noche -cuenta- nos mandaron a buscar y nos llevaron a esa residencia diplomática. Él estaba en la escalera que conducía a la segunda planta y mientras subíamos nos iba saludando uno por uno. Nos echaba el brazo por encima de los hombros y preguntaba cómo nos sentíamos, cómo nos trataban, el trabajo que hacíamos, las condiciones de vida y de labor, sobre nuestras familias y cómo nos comunicábamos…

“A mí me preguntó que de dónde era y cuando le respondí de Las Tunas, me dijo: ‘Entonces somos vecinos’, y recordó su Birán natal, en la provincia de Holguín. Fidel estaba cansado por el cúmulo de actividades a las que había asistido y a pesar de eso, el encuentro duró cerca de una hora y el agotamiento no mellaba su estado de ánimo.

“Recuerdo que nos dijo en tono jocoso: ‘A mí me tiene loco el tránsito, porque aquí es al revés (el conductor al lado derecho) y pienso que vamos a chocar’, y todos reímos de buena gana.

“Estuvo todo el tiempo aconsejando que nos cuidáramos mucho, y con esa forma característica suya nos habló de la importancia de nuestras misiones. Él, como siempre, preocupado por la gente”.
¿Qué sentías en ese momento?

“Yo no sé ni cómo me sentía. No lo puedo describir. Fue algo impresionante. En el mundo había tanta gente que ansiaba estrechar su mano, que se la pusiera en el hombro. Yo mismo estuve, aquí en Las Tunas, en actos con su presencia, pero tan cerca fue la primera vez. Y eso lo deseaba mucho y no lo voy a olvidar jamás”.
Remarca que conserva como una reliquia el pulóver que vestía ese día, “porque tiene el recuerdo imborrable de sus manos. Creo que me lo he puesto dos veces para asistir a actividades de la empresa en fechas muy especiales y en alguna actividad de homenaje”.
¿Otro recuerdo?

“Sí y otra muestra de su integridad -enfatiza. Una compañera de la embajada le pidió hacerse una foto con las mujeres y él contestó: ‘Está bien, pero no puede haber discriminación: una con ustedes y otra con los hombres’. Nos hicieron las fotos y dijo: ‘Yo les prometo que cuando lleguen a Cuba esta foto va estar en su casa’. Y así fue. Ya la habían enviado en un sobre con una tarjeta postal del pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín”.
¿Cómo interpretas ese gesto de Fidel, una personalidad con tantas responsabilidades, obligaciones y protocolos en una visita de tal naturaleza a un país extranjero?

“Es un hecho extraordinario que caracteriza su personalidad. No son todos los presidentes que en casos como este se preocupan por sus compatriotas y buscan tiempo para intercambiar con ellos un rato. Fidel es irrepetible, es único, como él no hay dos”, sentencia emocionado en la despedida.

 

 

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