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Nuestra entrevistada tiene 27 años en los tribunales. Es jueza, madre y federada. En el aniversario 66 de la creación de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), habla de justicia y compromiso

Las Tunas.- “Comencé a trabajar el primero de septiembre de 1999 en el sistema de tribunales”, cuenta Miriam Antonia Téllez Vargas. Desde entonces no ha soltado la toga. Su especialidad: los asuntos familiares y penales; pero, sobre todo, los que duelen: violencia, procesos de transgénero, conflictos de pareja, hijos en medio. “Nos abraza la materia de familia, fundamentalmente”, dice.jueza con medalla FMC

El trabajo con la FMC no es un añadido. Es parte de su día a día como jueza. Porque las casas de Orientación a la Mujer y las Familias y los equipos multidisciplinarios -hoy llamados equipos disciplinarios- son aliados imprescindibles.

“Nos auxiliamos de especialistas para resolver los asuntos familiares”, explica.

MADRE Y JUEZA

¿Cómo asume la parte humana del tribunal?

“Es muy complejo, pero me sirve de mucho ser madre”.

Y no solo eso: estudia Psicología, Pediatría, consulta bibliografía. “Mi experiencia de mamá me ayuda a resolver conflictos en el sentido de que me pongo en posición tanto de la madre como del padre y de niños menores”.

Esa habilidad no se enseña en las aulas. “Me pongo en posición de esa familia que está en conflicto”, reafirma.

En las materias no penales, casi el 100 por ciento son mujeres, ¿cómo es esa vivencia?

“El trabajo es arduo, y el hecho de que seamos mujeres no quiere decir que no sea difícil”.

Porque hay juezas, secretarias y juezas legas que no son madres, “y no ven las situaciones de la misma manera”.

Ella lo tiene claro: “Uno tiene que ponerse en posición de esa familia”. Y eso, dice, es más complejo cuando no se ha vivido.

FEDERADA DESDE LOS 14 AÑOS

Miriam es de origen campesino, de zona rural. “Ingresé a la FMC desde los 14 años”. En su casa todos pertenecían al bloque.

“Ayudaba a recoger la cotización, hacíamos actividades, adornábamos”. También las campañas de vacunación -que entonces no eran por consultorios- y las actividades culturales. “Siempre estuve muy vinculada”.

Hoy reside en Sosa Oeste, aunque vivió hasta los 26 años en Cuatro Caminos. Y desde su comunidad ve una tarea pendiente: “Hay muchos adolescentes, mujeres desvinculadas, madres solteras, muchas situaciones pesadas. Hay que trabajar mucho”, sentencia.

En el aniversario 66 de la FMC, María Antonia encarna a esa mujer que desde el estrado y desde el barrio pone el oído en el conflicto, la mano en la ley y el corazón en la familia cubana.

Porque su trabajo, como ella misma dice, “no es solo resolver el asunto, es ayudar a la gente a creer en la justicia”. Y eso, en Cuba, tiene rostro de mujer.

En el sistema de tribunales, más del 77 por ciento de los jueces profesionales son mujeres. María Antonia es una de ellas, orgullo de federada y de tunera.

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