Viernes, 09 Marzo 2018 06:07

El celular que no deja de sonar

Escrito por José Armando Fernández Salazar

Las Tunas.- Extrañas costumbres nos va dejando el celular. O quizás el aparitico no haga otra cosa que engrandecer o resaltar males que arrastrábamos desde hace algún tiempo, ante los que preferíamos voltear la cabeza para que después no nos doliera.

En días recientes tuve la "suerte" de convertirme en espectador de la adaptación libre de un concierto de Mozart. Cuando la orquesta de cuerdas se preparaba para la fuga, un impertinente ruido se adueñó del lunetario y obligó al director a imponer silencio. El dueño del celular pareció inmovilizado por la vergüenza y aquellos fueron los segundos más largos de su vida. El genio austriaco debió haberse revuelto en la tumba ante la osadía de incluir en una de sus sinfonías tan horrible sonido.

Me contaron que un hecho similar aconteció durante una representación escénica. Fue tan insoportable el "ring ring", que uno de los actores estalló y pidió que el dueño del teléfono contestara para poder seguir con la obra.

Pero si la capacidad de asombro me parecía rebosada, hace poco comprobé que la realidad es mucho más rica de lo que podamos imaginar. De la risa pasé al enojo y luego a la desesperación en un hospital. Allí me encontré con visitantes y acompañantes que aprovechan la triste ocasión para dejarla inmortalizada con un selfie. "Que se vea bien la herida", decía uno de los protagonistas de la escena. Me apresuré a tapar la de mi compañera, no fuera a ser que les llamara la atención y la consideraran digna de subirla a las redes sociales.

Sin dudas, el protagonismo de estos sucesos se los lleva la música. Me encontré en un cubículo en el que amplificaban tres móviles al mismo tiempo, con una variedad de ritmos que impedía discernir dónde empezaba uno y comenzaba otro. Se obviaba que algunos allí necesitaban descanso o trataban de encontrar consuelo en momentos de angustia. Cuando alguien pidió silencio lo miraron como al que dice que no sabe jugar dominó. El concierto duró hasta altas horas de la noche y a él se unieron, incluso, trabajadores del lugar.

Toda una vida se ha dicho que hablar por celular en el avión pudiera provocar una interferencia en los equipos y el consabido accidente. Pero muchos ya no hacen caso a "esos cuentos" y aprovechan las horas de vuelo a 20 mil pies de altura para ponerse al día con el amigo viejo del pre, a pesar de las miradas nerviosas e iracundas de los compañeros de viaje o los continuos llamados de atención de las aeromozas.
Pudiéramos caer en el facilismo de prohibir la entrada de dichos artefactos a determinados lugares; sin embargo, existen situaciones que requieren de tener de inmediato un medio para que nos localicen con prontitud. Además, varios expertos nos explicarían la complejidad logística de garantizar en esos sitios, lugares para dejar los móviles, cual si se tratara de parqueos de bicicletas.

Después de conversar sobre el problema con un amigo que se ha especializado en el estudio, trasteo y reparación de celulares, me recomendó una serie de pasos: acceder a la configuración general y seleccionar el modo vibración o en su defecto, bajar el volumen general hasta cero. Pero como le dije en aquella oportunidad a mi amigo, le repito a usted, lector, no creo que se trate de un desconocimiento de la tecnología; existe, ante todo, falta de educación formal, y eso, no se resuelve descargando una aplicación.

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