Martes, 13 Junio 2017 06:08

Los hombros más altos del mundo

Escrito por Graciela Guerrero Garay
Los hombros más altos del mundo Rey López

Las Tunas: Pienso. Y está ahí en la semilla que crece y se cultiva. En quien decide muchas veces el destino del hogar y los hijos. Padre es esencia y vida, por encima de cualquier virtud o apotema humano, logístico o matemático.

Es amor y trae el don de recibir el primer balbuceo de su estirpe. La magia de tener las manos rudas y más fuertes. Callosas en la ternura del tiempo y las esperanzas. Privilegiadas en dar seguridad y compañía. Padre es un halo de fuerza que te cubre.
Cada día está dondequiera que estemos, y nos salva la rutina del espasmo. Nadie como él nos levantará del suelo ni caminará por los trillos empedrados, a prueba de llagas y desvelos. Nadie.
La herencia de la sangre, el sudor de la familia, el tacto en la oscuridad, el silbido de alegría, la sombra dibujada en las paredes. Encuentro de juegos, aciertos y desaciertos cotidianos.
Padre es estirpe que se clava en el pecho cuando la nave parte. El fuego que alimenta los recuerdos y sana las nostalgias. La cordura que endereza torcidos recovecos del alma. El papalote enorme, gallardo y guía en medio de vientos caprichosos o molestos.
Pronto será tu día, Padre. Un día, Papá, que el almanaque marcó para decirte  una vez más que "te quiero". Pero ni creas, siempre, en cualquier fecha, habrá una frase de amor. Tampoco dudes de que tus manos se olvidan porque no las toco. Estás en todo, y por suerte ya se rompe el mito de que tú, mi padre, puedes ser cualquiera. Qué locura... solo tú eres vena de mi vena y el dueño legítimo de los hombros más altos de este mundo.
Te quiero, Pa.

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