Domingo, 14 Enero 2018 06:13

Entre pedales y dedales

Escrito por Yuset Puig Pupo

Las Tunas.- En la tierra de Barbarito Diez hay muchas fortalezas ocultas. Muy pocos conocen que antes del Triunfo de la Revolución, en suelo manatiense, una de las opciones laborales más socorridas por las mujeres era coser a máquina hechuras para la calle.

Resulta que por la época era moda ser ama de casa, si bien alguna fémina tenía como meta aportar a la economía familiar podía dedicarse a realizar quehaceres domésticos en otras residencias, pero todas perseguían al menos tres títulos que resultaban muy prácticos: mecanografía, profesora de bordado a máquina y costurera.

No es casualidad que en Manatí el 80 por ciento de los hogares cuenten con una máquina de costura, y es que esa tradición de coser para una clientela se vino fomentando desde la época capitalista cuando hablaban de pantalón de crach o franela, guayaberas y trajes para salir.

Los inmensos títulos de profesoras de bordado a máquina que otorgaba la instructora María del Amo Mendo, resultan testigos fehacientes de estas formas de superación de las mujeres de Manatí, quienes pagaban clases prácticas en diferentes lugares del batey con maestras experimentadas y luego iban a Las Tunas para realizar el examen final que las acreditaba.

Ser costurera o profesora de bordado podía ser todo un negocio, pues una vez con el título en la mano los papeles se invertían y entonces muchas se dedicaban a continuar enseñando.

De esta manera, que era más o menos barata, la mujer manatiense fue desenvolviéndose económicamente en aquellos años anteriores a la Revolución, y herencia al fin, fueron quedando sobre todo los certificados, las máquinas de coser, las manos y los ojos gastados de aquellas pioneras y la historia que las recuerda.

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