
Pedro Jiménez Espinosa, ex primer secretario del Partido en Las Tunas, rememora la histórica visita del Comandante Fidel Castro a Jobabo en 1996
Las Tunas.- Han pasado tres décadas desde aquel 31 de marzo de 1996, pero para Pedro Jiménez Espinosa, entonces un joven de 35 años que fungía como primer secretario del Partido en el municipio de Jobabo, la memoria del abrazo de Fidel Castro Ruz sigue provocando una emoción tan intensa como el primer día. "Yo le digo eso ahora mismo y mi corazón comienza a latir de una manera que es inexplicable", confiesa Jiménez, quien años más tarde llegaría a ser el máximo dirigente del Partido en toda la provincia de Las Tunas.
La visita no estaba en los planes iniciales. La zafra azucarera, en las durísimas condiciones del Período Especial, era una batalla clave para la supervivencia del país. El central Perú se había convertido en un ejemplo al sobrepasar las 23 mil toneladas de crudo, un logro que el pueblo celebró con el pitazo del central .
"El acto estaba previsto dentro del ingenio", recuerda Jiménez en entrevista. "Pero cuando me llamaron para decirme que Fidel venía, supe que había que cambiarlo. Si ese acto se hacía dentro, hoy estuviéramos hablando de un gran desastre. La gente salió de manera espontánea, corriendo por todas las calles. Era una multitud compacta que no cabía en La Punta; la gente no podía ni aplaudir", relata, destacando la mística de un pueblo que, sin convocatoria oficial, se volcó a las calles para ver a su líder.
El encuentro personal con Fidel fue breve, pero intenso. Mientras el Comandante analizaba los resultados de la zafra en la sala de análisis del central, Jiménez fue presentado. La primera pregunta de Fidel, con su característico tono, fue: "¿De dónde tú saliste?" . Tras la respuesta, el diálogo continuó con un toque de humor. "Y ahí empezó a hacerme cuatro o cinco preguntas", añade.
Sin embargo, el momento que quedaría grabado en su memoria ocurrió al final del acto. Tras el discurso de Fidel, en el que el líder declaró que si los norteamericanos vieran aquella multitud en Jobabo pensarían que estaban en Nueva York , llegó el instante esperado.
"Cuando él me abrazó, después de haberme entregado el diploma, yo no sé... yo no puedo explicar qué fue lo que sentí. Quise apretarlo, pero qué va, no pude. El nerviosismo... fue de lo más excepcional que me ha pasado. Para toda la vida, así mismo", sentencia Jiménez, evocando la fotografía que aún conserva del momento.
Para Pedro Jiménez Espinosa, aquel día no fue solo el reconocimiento a un esfuerzo productivo, sino la demostración del vínculo inquebrantable de Fidel con su pueblo, un legado que, como él mismo afirma, "siempre lo llevaré en el corazón como una fuerza más en las misiones que cumplo" .

