Martes, 02 Octubre 2018 06:36

En el umbral del peligro

Escrito por Liliana Guerra Abad

Las Tunas.- A Laura no imaginé encontrarla otra vez en la consulta de Infertilidad. Albergó cientos de ilusiones, mas, su rostro delata la desdicha de una mujer que hoy ofrece la propia vida a cambio del divino tesoro de ser madre. Bastaron dos malas decisiones para desvanecerle los más cálidos anhelos. Hoy, a los 45 años, hasta el dios Cronos le anuncia que ya es demasiado tarde.

La veracidad de esta historia demuestra la cara oculta de la terminación voluntaria del embarazo, un fenómeno mundial de grandes proporciones del que no está exento nuestro país y preocupa en demasía a especialistas del territorio tunero.

Culturalmente hablando, la gestación en Cuba constituye todo un acontecimiento en el imaginario femenino. Se convierte para muchas en la etapa más esperada, y disfrutan a plenitud las sensaciones de amar al pequeño que protegen en el vientre. Sin embargo, mucho falta por reflexionar respecto a cuán arriesgado se torna la práctica del aborto.

Resulta alarmante cómo las interrupciones se han convertido en la principal forma de anticoncepción utilizada por la mayoría de las mujeres en esta provincia, cuando existen preservativos, píldoras, diafragmas y vacunas, además de otros métodos para prevenir un embarazo no deseado.

Laura recuerda la decisión que algún día asumió al no estar lo suficientemente preparada para traer una criatura al mundo. Un pretexto la acompañó: no era el momento preciso, solo tenía 18 años. Transcurrieron dos lustros y aquella joven ya no era tan joven. Las condiciones económicas la frenaron por segunda vez. Optó por repetir la "solución" y hasta hoy no logra borrar la triste vivencia.

Disímiles son las razones por las cuales las féminas se someten a la práctica del aborto inducido. Suelen mencionar, además de las anteriores, problemas de salud, estado civil, estabilidad familiar, circunstancias de la gestación, objetivos personales, edad y otros factores sociales y psicológicos. Pero esa nunca constituye una salida segura.

"Al realizar un legrado se dilata el cuello del útero, se pinza y raspa y por ende pueden producirse heridas en la cavidad del útero, donde quedan cicatrices. Ante el daño, el embarazo migra en busca de más nutrientes, por lo que algunas pacientes tienen partos prematuros, placentas previas, embarazos ectópicos, lesiones o pueden quedar infértiles", asegura el especialista Antonio Guerrero Vecino, jefe del Departamento de Legrado del Hospital General Docente Doctor Ernesto Guevara de la Serna.

Según el doctor, las cifras en las consultas como la suya aumentan aquí considerablemente cada año. Aclara que es un procedimiento sencillo y seguro en dependencia del tiempo de gestación, "pero nadie está exento de peligros y accidentes, porque no se ve lo que se hace ahí dentro. Son el tacto y los años de experiencia los que te dan el sentido de profundidad del útero".

El índice de legrados en edades tempranas también asciende de manera significativa. Se registran numerosos casos de chicas entre los 10 y 16 años. La maternidad en la adolescencia es más riesgosa porque el útero no tiene la madurez total, ni el suficiente ácido adenocin trifostato (ATP), es decir, energía para su completo desarrollo. Sin contar las consecuencias desde el punto de vista psicológico y social, efectos pueden ser mucho más devastadores.

Encaminar a las muchachas desde las edades más tempranas hacia una orientación sexual responsable, se vuelve inminente en nuestra sociedad. Esto alejado de prejuicios y tabúes, lograría una mejor planificación familiar y evitaría, sin dudas, cientos de historias como la de Laura, una mujer que todavía recuerda el grito de un alma silenciosa.

Visto 2023 veces Modificado por última vez en Martes, 02 Octubre 2018 18:38

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