Cuando empezó el Mundial, mi posición era sencilla: voy con España y con Argentina, y si ambos llegan a la final, voy con España. En el fondo, no quería que ocurriera porque sabía que sería una posición incómoda, pero el fútbol tiene esas cosas. Terminó pasando.
Recuerdo aquel 2022, viviendo en un pequeño departamento en Boedo, Buenos Aires. El primer partido de Argentina contra Arabia Saudí fue una revelación. La avenida donde vivía, normalmente bulliciosa, quedó en silencio absoluto. Los negocios cerraron. No se escuchaba nada. Había vivido algo parecido en Zaragoza en 2010, pero os aseguro que no era lo mismo, ni por asomo.
El fútbol es para muchas personas lo más importante de lo menos importante. Y cuando hablamos de selecciones nacionales, y más aún de un país periférico, históricamente oprimido, con una parte de su territorio ocupado ilegalmente, la cosa adquiere otra dimensión. Una selección que se vengó de una guerra con los dos mejores goles de la historia: el mejor gol de la historia del fútbol, y el más simbólico, ese que les metieron con la mano. Pero quien le hace trampas a un pirata tiene todo el perdón del mundo.
Solo hacía falta ver a la hinchada argentina en Nueva York antes de la final. Se hizo mucha broma, pero es verdad: la hinchada argentina se “merendó” a la española. Tienen más tradición de seguir a la selección. Y Argentina es probablemente el país más colectivamente creativo de todo el mundo, al menos en el fútbol.
Argentina fue mejor hasta el domingo a las 9:00 en punto. Pero España le ganó en el césped con la pelota. Así es, impepinable. Este domingo España fue el mejor equipo durante los 120 minutos, y personalmente lo vivimos con felicidad porque sí, somos de la selección española. Como otras muchas personas nacidas en España, y como otras tantas que han venido de otros lugares o son hijas de migrantes que vinieron a ganarse la vida.
Cuando España ganó el Mundial de 2010, yo tenía 13 años. Lo vi en casa de mis padres y me tiré encima de mi padre con el gol de Iniesta. Ayer hice lo mismo, en la misma casa. Estoy más grande ahora, y creo que le debí dar más dolor de espalda que entonces. Pero; en fin.
Ustedes se preguntarán por qué les cuento esto. Porque sé lo que es vivir una Copa del Mundo, tanto en carne propia como en Argentina. Y creo que es cosa de los que somos de la selección española defender que España pueda tener un modelo como el del Reino Unido. Es de lo más lógico defender que quienes no se sienten interpelados por la selección española que muchos apoyamos puedan tener la suya propia, como Escocia o Gales. Como mi compañera Zugasti, que tendría que tener su selección.
Yo sí creo que se debe dar la oportunidad a naciones sin Estado como Euskadi, Cataluña o Galicia de tener su propia selección, aplicándoles la misma normativa que al resto. Si un jugador vasco, catalán o gallego elige jugar para España, perfecto. Igual que hay jugadores que podrían jugar con varias selecciones y se deciden por una. Y si elige jugar con la vasca, catalana o gallega, muy bien también.
Porque, ¿qué quieren que les diga? Yo sé lo que es vivir un Mundial con tu familia y que tu país salga campeón. Lo viví con 13 años y lo volví a vivir ayer. Y además, como ya les he dicho, viví muy de cerca el Mundial que Argentina ganó en 2022. Y yo, chico, le deseo a gente como Zugasti que también pueda vivirlo con su selección. Probablemente no tendrían tanta suerte, pero quiero que puedan vivirlo también.
DE LA CANCHA A LA GEOPOLÍTICA
Pero esto es La Base, y aquí hablamos de política. Durante 39 días y 104 partidos, el mundo se detuvo para mirar el fútbol, pero el mundo nunca se detiene. Así que hagamos no un resumen del Mundial, sino un atlas de todo lo que ha pasado mientras mirábamos la cancha.
Hay análisis que hablan de esta Copa como el primer Mundial de la posglobalización. Podría ser. Pero no es el primer Mundial que se juega entre guerras, entre genocidios o entre bloques geopolíticos. Quizás sí es el primero donde la comunidad internacional permanece sometida al poder de los megarricos de forma tan flagrante. Y no hablo solo de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA).
Mientras unos celebraban goles, otros enterraban a sus hijos. A mediados de junio, Naciones Unidas reportó 100 muertos en Gaza desde el inicio del presunto alto el fuego. Para el 16 de julio, el Ministerio de Sanidad de Gaza reportó mil 127 palestinos fallecidos. Durante las cinco semanas del Mundial, más de 120 personas perdieron la vida directamente bajo los ataques en la Franja. Médicos Sin Fronteras documentó que junio del 2026 se ha convertido en el mes más mortífero del año en Gaza.
Y en Cisjordania, la víspera del Mundial, un bebé de 7 meses fue asesinado a tiros en el coche de sus padres cuando conducían hacia Hebrón. El ritmo actual de violencia de los colonos se registra como el más alto en el ciclo histórico: un promedio de seis incidentes diarios en Cisjordania.
Miren al ministro de seguridad israelí, Ben Gvir. Ustedes y yo estábamos indignándonos con los vídeos de Netanyahu haciendo el tonto con la pelotita, pero lo que importa es lo que dijo: “Si hace un año hubieran dicho que controlaríamos el 70 por ciento de Gaza, nadie nos hubiera creído”.
Durante el Mundial también escaló la guerra en Irán. Se pasó de un frágil intento de tregua diplomática a la reescalada militar. Estados Unidos retomó los bombardeos el fin de semana del 7 y 8 de julio, e Irán respondió atacando bases estratégicas en los países del Golfo aliados de Washington. El estrecho de Ormuz permanece bloqueado, y este fin de semana Estados Unidos ha tenido que reconocer tres bajas militares y varios desaparecidos.
Así que Trump no tenía mucho que celebrar. Pero ¡qué cinismo y qué espectáculo distópico fue el show de medio tiempo!, con esa pancarta que decía "We believe in love", con un planeta dibujado sin Asia. Trump e Infantino hablando de amor mientras con su "board of peace" están convirtiendo Gaza en un campo de concentración.
Infantino se ha caracterizado por proteger a la Asociación de Fútbol de Israel de cualquier sanción deportiva. Y a finales del 2025 instauró el Premio FIFA de la Paz, entregando el galardón inaugural a Trump, porque como se había quedado sin Nobel de la Paz, pues lo tenía así, de consolación.
Y hablando de eso, mientras se jugaba el Mundial también pasaban cositas en América Latina. Vámonos a Cuba. La política de presión de Estados Unidos hacia Cuba se ha redoblado. Lo de Cuba, dicho por diputados demócratas que visitaron la Isla la semana pasada, es un genocidio, una Gaza en silencio. El 23 de junio, Marco Rubio impuso una nueva ronda de sanciones a cinco empresas estatales cubanas. El objetivo declarado era ahogarla económicamente. Y el 13 de julio, Estados Unidos intensificó el cerco apuntando al sector turístico.
Cuba ha sido el único país en denunciar abiertamente la cumbre anti-antifa que Marco Rubio inauguró la semana pasada, donde anunció nuevas alianzas y medidas antiterroristas contra organizaciones de izquierda en todo el mundo. Un macartismo contemporáneo al que asistieron 66 Estados, Argentina y España incluidos.
Y dando un saltito, vamos a Venezuela, que el 24 de junio sufrió un doblete sísmico masivo. A fecha de hoy son más de cinco mil 200 las personas fallecidas oficialmente, y las políticas de rescate se han convertido en un escaparate geopolítico.
Podría seguir listando eventos: el funeral de Jamenei y su familia, que inauguró la guerra en Irán; la cumbre de la OTAN, donde todos los Estados miembros reafirmaron su compromiso con el rearme y las políticas de Trump. También Pedro Sánchez, nada nuevo bajo el sol.
Y también han ocurrido historias pequeñitas, esas que no salen en la tele pero que lo significan todo. La Federación Palestina de Fútbol confirma el fallecimiento del deportista Fadi Nassan, de 17 años, jugador del club local Almugallir y miembro de la selección Sub-17. Murió después de ser amputado por la infección que le generó la herida de bala en el muslo que sufrió una semana antes tras ser tiroteado por colonos israelíes. Con la muerte de Nassan, el registro de asesinados de la comunidad deportiva palestina asciende a mil13 personas, incluidos 568 futbolistas.
¿Qué puede pensar un palestino de la FIFA? Mejor que nadie lo puede explicar un periodista deportivo palestino que lleva toda la vida cubriendo información futbolística desde Gaza y que ahora está en el exilio en Irlanda. Su reflexión fue desgarradora: "¿Quieres que vea el Mundial? ¿Cómo puedo ser tan cómplice? Si mi alegría es más importante que la vida de los palestinos, entonces no sé por qué soy un ser humano".

