
- Hace unos días, la publicación de una mamá agradecida con el equipo de médicos que salvó la vida de su niño impactó con miles de reacciones en las redes sociales. Hoy, 26 acerca su historia…
Una angustia en el lado izquierdo del pecho le advirtió a Ivet que a su niño le pasaba algo serio. Por más que haya cumplido 11 años, ella siempre está atenta y su instinto de madre vuelve a agitarse como cuando muy pequeñito, de dos meses de vida, a su bebé le diagnosticaron una hidrocefalia y fue intervenido quirúrgicamente.
Un dolor abdominal, en el lado izquierdo, hizo saltar sus alarmas. Lo llevó al policlínico de su municipio, Manatí, varios días seguidos. Le hicieron análisis, ultrasonidos y comenzaron a tratarlo como una parasitosis. Pero unos días después el cuadro clínico fue mucho peor.
La inquietud de un pediatra pidió nuevos exámenes y lo remitió con urgencia a la cabecera municipal. “Dijo que era del catéter y no se equivocó”.
Ivet no sabe de dónde apareció la ambulancia, pero en unas horas estaba en el hospital pediátrico Mártires de Las Tunas. Los recuerdos ahora le llegan como flashazos porque tuvo mucho temor acumulado, pero hay rostros que nunca va a olvidar.
“La atención fue maravillosa desde el primer momento. Las cirujanas de guardia lo reconocieron enseguida y lo ingresaron en la sala de cirugía. Puedo asegurarte que desde las enfermeras, los médicos, hasta los camilleros se interesaron por la salud de mi hijo, nos hicieron sentir que les importábamos a todos.
“En medio de la desesperación, esas atenciones no tienen precio. El día 11 de marzo le volvieron a hacer un ultrasonido al niño y mandaron a buscar al neurocirujano del hospital Ernesto Guevara. El médico llegó con parte de su equipo y valoraron el caso. Fueron días duros…
“Al otro día, le indicaron una tomografía en el “Guevara”. Una ambulancia nos llevó y nos trajo de regreso. Había personas que siempre estaban pendientes del caso y se ocupaban de todos los detalles. Menos mal porque yo no tenía cabeza para nada.
“El día 13 mi hijo se pasó el día acostado y somnoliento, con mucho dolor de cabeza. No había analgésicos que lo aliviaran. Casi no abría los ojitos. Desesperada mandé a buscar al "neuro", y vino rápido. Me dijo que esa misma tarde lo iba a operar. Le hicieron punción lumbar, fondo de ojos…
“Esa tarde el niño estaba peor. El dolor de cabeza era insoportable y tuvo vómitos. Me lo pelaron al rape. Yo tenía mucho miedo de perderlo, me partía el alma verlo casi inconsciente. Las palabras no pueden describir lo que yo sentía…
“Cuando lo entraron al salón le rogué al doctor Antonio que me lo cuidara mucho y él me dijo que ya estaba cuidado”.
DE LA ENCRUCIJADA DE DOLOR A LA ESPERANZA
Ivet Polanco Milán, no sin sombras de la angustia de los últimos días, me cuenta que la operación de su niño tenía que durar de 40 a 45 minutos y se tardó casi tres horas. Después supo que el catéter que tenían para ponerle no funcionó y tuvieron que buscar otro en el “Guevara”.
Para el doctor Antonio Pérez Banega, especialista de primer grado en neurocirugía, este caso no es muy distinto de otros. Con los detalles aún en la memoria vuelve sobre los pasados días de marzo.
“El niño está operado por una hidrocefalia secundaria a una meningoencefalitis antes del año”, aclara el galeno. En su momento se le realizó una derivación del ventrículo peritoneal. En esta ocasión llegó al hospital con una difusión del sistema; la hidrocefalia estaba activa porque esos pacientes dependen de la válvula.
“Llegó con disfunción del catéter. Ya el niño había crecido, el catéter se había obstruido y fue necesario llevarlo de urgencias al salón de operaciones y realizarle un cambio; hicimos otro sistema de derivación, ahora por el lado izquierdo. La cirugía fue un éxito y el niño se mantiene asintomático”.
Me cuenta el galeno que esta es una patología bastante frecuente en la pediatría, pero que en ocasiones puede complejizarse.
Para Ivet y su hijo, las manos del doctor Antonio y de todo el equipo de médicos y enfermeros fueron bendecidas para que hoy pudieran estar nuevamente en casa.
“Ahora se siente bien, aunque sigue muy flaquito; las heridas están bastante sanas. Se entretiene como puede, con el teléfono. No ve televisión porque casi nunca hay corriente y no puede hacer más nada. Su vida depende de esa válvula y hay que cuidarlo como un cristalito”.
…
La manera que esta familia encontró para expresar su agradecimiento fue a través de una publicación en Facebook. En estos tiempos complejos, cuando la economía oscurece cualquier panorama y la gente se cierra de corazón y de oídos, las reacciones y comentarios en esta historia han sido una suerte de recordatorio de que aún en estos escenarios en claroscuro, la vida de un niño, aquí, sigue siendo invaluable.

