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Las Tunas.- Las cifras no mienten. Las adolescentes de zonas rurales presentan mayores tasas de fecundidad que las residentes en áreas urbanas. Y Las Tunas aparece, junto a otras provincias orientales, entre los territorios con mayor incidencia de este fenómeno en el país.

Así lo confirma una investigación presentada por la asociación SEMlac (Servicios de Noticias de la Mujer de Latinoamérica y el Caribe), que sistematizó 22 estudios realizados entre 2015 y 2023 sobre embarazo adolescente y violencia en Cuba. El análisis, publicado en la revista Sexología y Sociedad, advierte que estas realidades no responden a un solo factor, sino a un entramado de desigualdades sociales, de género y territoriales que se entrecruzan.

El estudio identifica cifras superiores a la media nacional en la región oriental. En el caso de Las Tunas, la fecundidad adolescente muestra particular incidencia entre los 12 y 14 años, junto a provincias como Camagüey y Holguín.

Para el grupo de 15 a 19 años, las mayores tasas se registran también en territorio oriental: Granma, Guantánamo y Las Tunas.

Estos números no son simples estadísticas. Detrás de cada uno hay una historia de oportunidades truncadas, de proyectos de vida interrumpidos, de autonomía económica comprometida.

La investigación señala que la maternidad temprana puede interrumpir las trayectorias educativas de las adolescentes. En Granma, por ejemplo, se constató que, por lo general, las jóvenes no se reincorporaban a los estudios después de convertirse en madres.

El abandono escolar y la dedicación a las tareas domésticas refuerzan las desventajas sociales. Se reproduce así un ciclo que limita las oportunidades de preparación profesional e inserción laboral, con consecuencias directas para el bienestar de las madres jóvenes y sus hijos.

El análisis también reconoce la transmisión intergeneracional de patrones reproductivos y estereotipos de género. En determinados contextos, las adolescentes reproducen experiencias de maternidad temprana presentes en sus familias, mientras las responsabilidades de cuidado recaen principalmente sobre ellas.

Entre las vulnerabilidades identificadas en los estudios, aparecen el conocimiento insuficiente sobre salud sexual y reproductiva, el uso discontinuo de anticonceptivos, las dificultades para acceder a métodos de protección y las limitaciones en la comunicación familiar.

A ello se suman el inicio temprano de las relaciones sexuales, la insuficiente percepción de riesgos y, en algunos casos, relaciones con parejas mayores.

La familia puede convertirse en una red de apoyo para la maternidad adolescente y asumir responsabilidades de crianza. Pero también puede reproducir silencios, estereotipos y desigualdades que limitan la capacidad de las jóvenes para tomar decisiones informadas.

Los resultados de esta sistematización apuntan a la importancia de fortalecer la educación sexual integral, la prevención de la violencia, la comunicación entre familias y escuelas, y la protección de quienes se encuentran en situaciones de mayor vulnerabilidad.

No se trata solo de hablar de anticoncepción. Se trata de garantizar que las adolescentes tuneras tengan acceso real a información veraz, a servicios de Salud amigables y a oportunidades educativas que no se interrumpan por un embarazo no planificado.

Se trata, también, de reconocer que las desigualdades de género y las condiciones sociales no pueden seguir convirtiendo la infancia y la adolescencia en etapas marcadas por la maternidad no planificada y la pérdida de oportunidades.

El estudio de SEMlac no busca señalar culpables. Busca, más bien, sensibilizar y abrir el debate sobre realidades que muchas veces permanecen silenciadas.

En Las Tunas, como en otras provincias orientales, urge analizar estas realidades desde una perspectiva integral, capaz de reconocer cómo se acumulan las desigualdades y de orientar respuestas más ajustadas a las experiencias de niñas y adolescentes.

Porque cada adolescente que logra completar sus estudios, decidir sobre su cuerpo y construir su proyecto de vida sin presiones es una victoria colectiva. Y porque una sociedad que protege a sus niñas y adolescentes es una sociedad que apuesta por su futuro.
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Este comentario se basa en la investigación Embarazo adolescente y violencia: vulnerabilidades que se entrecruzan, presentada por SEMlac y publicada en la revista Sexología y Sociedad (2024).

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