Martes, 25 Junio 2019 06:46

No todo le toca a la escuela

Escrito por Elena Diego Parra
No todo le toca a la escuela Foto: ReyLópez.

Las Tunas.- El curso escolar está casi cerrando puertas y desde hace dos semanas, niños, adolescentes y jóvenes de todas las enseñanzas se enfrentan a una de las etapas más difíciles de cada año: los exámenes finales. En no pocas casas las luces se prenden de madrugada en un maratónico esfuerzo por memorizar lo que no hemos sido capaces de retener en todo el calendario.

Los padres casi siempre andan como locos, repasan a sus hijos, les buscan repasadores y se la pasan nerviosos en el trabajo mientras no reciben la llamada o el mensaje de "ya terminé, salí bien". Por otra parte, si el proceso no sale tan a favor, enseguida buscamos la culpa fuera del muchacho y del hogar. Aun si sabemos, como dice la frase popular, "el pie que calza nuestro hijo", la víctima más común es el maestro, "que si es muy joven", "que si es muy viejo", "que si no hizo lo suficiente" o "que la educación ya no es la de antes".

A juicio de la doctora en Ciencias Keyla Estévez, del Centro de Estudios Sobre Juventudes, la familia y la escuela cubanas, ambas, tienen los roles de la educación, pero está faltando que se complementen en una mejor preparación de las nuevas generaciones, y hoy no se les exige en este sentido.

La experta considera que las dos instituciones tienen muchas deudas al respecto y lo saben. Pero hay que tener en cuenta que se trata de una sociedad que ha arrastrado más de 20 años de situación económica difícil, en la que el núcleo familiar se ha adaptado a "resolver cosas" de una forma muchas veces no convencional ni educativa. Al tiempo que la escuela ha pasado por ese complejo período acarreando pérdida de maestros, planes de estudios descontextualizados y un grupo de cuestiones que, en ambos casos, han impedido educar de una forma más acabada.

Sin embargo, la familia sigue siendo la que decide por los menores, es, sin dudas, la primera escuela y de su seno se derivan las principales esencias de las futuras personalidades. Por otro lado, insatisfacciones aparte con la instrucción escolar, falta estudio y lo hemos dicho muchas veces desde este espacio.

Cuando le preguntas a un adolescente por qué estudia, generalmente te contesta: "Para ser alguien en la vida". Posiblemente no reflexiona acerca del significado que esconde la frase, pues todos somos "alguien" desde el momento en que venimos al mundo y esa respuesta está, quizás, muy relacionada con la presión social o de los parientes a la que, por lo general, estamos sometidos desde pequeños y que en su imaginario coloca el aprendizaje en función del éxito económico.

No obstante, muchos no comprenden el porqué del estudio, porque aun cuando el niño se transforma en adolescente, termina el Bachillerato y la Secundaria pensando en cómo vencer las materias sin estudiar, en cómo evitar exponer en una clase, en aprobar por cumplir. Las buenas notas se convierten en la meta principal, porque si no "papá me castiga o no me compra el regalo".

Vivimos en una sociedad que cambia de manera constante y cada vez exige más conocimientos, por lo que estudiar y formarse, mantiene a las personas informadas, preparadas y les facilita la entrada al mundo laboral. Los tiempos que corren nos demuestran una situación de competencia, en los que solo se emplean a las personas con mayores capacidades, conocimientos y preparación. Incluso, hasta en aquellos puestos que no requieren determinados niveles vencidos.

El estudio, más allá de las calificaciones, del éxito y el futuro brillante, es un arma valiosa. Gracias a él podemos incorporar constantemente sapiencias que nos permiten desarrollar nuestro pensamiento y habilidades. Por ello, aunque estudiar de manera diaria es casi obligatorio, lo importante no es la cantidad de horas dedicadas a ello, sino la calidad del mismo, que el estudiante tenga un papel activo en la construcción del conocimiento.

De poco valen la juventud, salud, inteligencia, profesores y libros excelentes, sin una actitud positiva. Porque si una cosa es cierta, es que la vida de hoy plantea muchos y más difíciles retos que cualquier época pasada. Poseer conocimiento de más no es malo, de hecho, es una necesidad imperativa, un pasaporte, en un mundo lleno de tecnologías y sorprendentes descubrimientos.

Visto 991 veces Modificado por última vez en Martes, 25 Junio 2019 09:50

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