
Una muchacha tunera recorrió un camino complejo para hacer valer sus derechos. 26 te acerca a su historia…
Las Tunas.-“Yo iba a cumplir 19 años cuando nos enamoramos. Él tenía 27. Pasábamos mucho tiempo juntos porque él no trabajaba y yo estaba terminando los estudios. La química no duró demasiado. Al romper la relación fue que lo conocí de verdad…
“Desde el principio noté que se comportaba como si fuera mi dueño, pretendía que estuviera a su disposición a cualquier hora. Eso lo confundí con amor, la inmadurez te nubla los ojos. Al inicio eran cosas sencillas, como si fuéramos amigos y necesitara de mi ayuda, pero luego comprendí que estaba absorbiendo todo mi tiempo.
“Él tenía que conocer cada detalle de lo que yo hacía, los minutos que demoraba en regresar de la escuela, en comer, bañarme. Creaba cuentas falsas en las redes sociales, me seguía a los lugares a los que iba, donde trabajaba, con las personas que me reunía…
“Ese acoso me llevó a romper con él, pensé que se había terminado la pesadilla, pero qué va… Recuperó fotos íntimas mías y a partir de ahí comenzó el chantaje, me exigía que tenía que hacer todo lo que él quería, incluso, tener relaciones sexuales. En caso de no acceder, publicaría las fotos.
“Yo no aguantaba más… No sabía cómo contarles la situación a mis padres, bajé muchísimo de peso, ellos me miraban y sabían que estaba pasando algo, me preguntaban qué sucedía y no me atrevía a decirles.
“Esa presión psicológica me estaba matando poco a poco, entonces decidí alejarme, irme de la provincia y eso lo desesperó más. Me hacía videollamadas constantemente, guardaba capturas de pantalla, grababa las conversaciones, todo lo guardaba y me decía que tenía copias... Fue un momento bastante incómodo, recordarlo todavía lo es. Pensé que me iba a volver loca”.

"TUVE QUE HABLAR"
“En cuanto mis padres se enteraron se pusieron bastante nerviosos, desesperados, intentaron resolverlo mediante conversaciones sin tener que llegar a la Policía, porque yo siempre les dije que no quería denunciarlo, solo que me dejara tranquila.
“Ellos fueron a hablar con su familia, pero no los recibieron bien. Primero procuraron llegar a un acuerdo, luego adoptaron la postura de que ‘el que no la debe no la teme’.
“En el 2023 hice la denuncia. El ‘carpeta’ que me atendió en la Policía se mostró interesado en ayudar, pero la instructora que pasó a atender mi caso no vio delito alguno, me aconsejó que esperara a que el posible acusado, en ese instante en La Habana, regresara de su viaje, y si continuaba con tales conductas, entonces hiciera la denuncia.
“Fue un total peloteo, en una ocasión hasta me citaron y cuando llegué me recibieron con mi expareja y sus padres. Frente a ellos me dijeron que yo lo había hecho todo mal y ahora tenía que asumir las consecuencias, cuando yo era la víctima y estaba denunciando.
“Comencé a atenderme con una psicóloga, busqué el acompañamiento de varias organizaciones, como la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), para alzar mi voz. La respuesta la encontramos en la Fiscalía Provincial, donde formulé una queja que permitió que realmente se le diera seguimiento al caso.
“Después de alrededor de un año de tramitación, finalmente se hizo el juicio. Él en la actualidad está cumpliendo condena, tiene una sanción de 12 años de privación de libertad.
“Hice cuanto pude para escapar de la situación y no involucrar a mis padres porque iba a ser una vergüenza para ellos, ambos estudiaron Derecho; de cerca me venían los conocimientos de lo que estaba sucediendo, del delito que significaba, conocía su gravedad.
“Desde el momento que comenzó este martirio, mi vida no ha sido igual. Pasé de ser una mujer independiente, capaz de hacerlo todo por mí misma, a sentirme muy débil, poca cosa; siempre dependía de la compañía y ayuda de alguien más. Volver a recuperar esa fuerza, a tomar mis propias decisiones, mantenerme firme en ellas y estar segura de que me encuentro a salvo no ha sido nada fácil.
“Ahora pasé de no dormir y desvelarme la noche entera a estar más tranquila. Ha sido difícil, es verdad, pero no imposible; gracias a la compañía de mi familia y amigos lo he llevado mejor.
“No quisiera que ninguna mujer pasara por lo que yo viví. A todas las que han sufrido situaciones de este tipo, que creen que callándolo todo y solas van a solucionarlo, están equivocadas. Hay que ir a la Policía, denunciar, insistir. Hoy las leyes son más claras, hay más conocimiento. El acoso es una forma de violencia y nadie tiene el derecho de acabar con tu tranquilidad. No podemos permitirlo”.
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DEL RECONOCIMIENTO A LA ACCIÓN CONCRETA
“El Código de las Familias, que sustituyó a una normativa obsoleta, representa un cambio radical. En la nueva ley se habla de violencia y no solamente de género, sino también de la intrafamiliar. Esta codificación resulta crucial, ya que viene a definir concretamente qué es la violencia, sus subtipos y manifestaciones, lo cual constituye el primer paso para su judicialización y sanción”.
Fernández González expone el compromiso de los profesionales del Derecho a seguir utilizando la legalidad actual, y con la capacitación en los temas de género para que ningún resquicio de violencia tenga cabida en esta sociedad minada de estereotipos de género.
“Cada mujer que se sienta víctima de este flagelo, en cualquiera de sus variantes, necesita empoderarse y buscar apoyos legales”.
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ACOMPAÑAMIENTO, DEUDAS…
De la ley a la práctica media la efectividad de las instituciones en el territorio, panorama en el que priman, en suelo tunero, los clarosocuros. Yudith Acosta García, ideológica y secretaria en funciones de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) en la provincia, reconoce la gravedad del problema. Ante esta realidad, señala que los mecanismos de atención están creados.
“La puerta de entrada para la mayoría de las víctimas son las casas de Orientación a la Mujer y la Familia, presentes en los ocho municipios. Allí, las trabajadoras de la FMC ofrecen el primer asesoramiento y, lo más valioso, acompañamiento.
“El paso inicial es acudir a la estación de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), a la Fiscalía y la Defensoría; nosotras les damos todas las indicaciones al estar con ellas en el proceso. Algo puede suceder en este tipo de casos y es que la víctima, durante la tramitación, sea intimidada y revictimizada”, señala.
“Realmente nuestro eslabón más débil en estos momentos es la PNR, porque el personal requiere de una capacitación extra, un entendimiento y, sobre todo, mayor sensibilidad para hacerle frente a la violencia de género. No estamos ajenas a este elemento y, por tanto, nuestras mayores acciones van encaminadas a revertir esa situación.
“Actualmente, tenemos a personal de la PNR involucrado en nuestros proyectos contra la violencia de género y esa unión va marcando la diferencia. Incluimos en planes lograr capacitar a un grupo de mujeres y hombres para que atiendan a las víctimas de violencia cuando deciden denunciar. Nuestra proyección es evitar revictimizaciones por falta de conocimiento o sensibilidad”.
ENTRE PROYECTOS… UN REFUGIO
Hoy en Las Tunas convergen dos proyectos claves centrados en la ayuda a quienes que acuden a la FMC en busca de guía. El más innovador, Apoyo a la Respuesta Nacional a la Violencia Basada en Género en Cuba, pretende la creación de un centro de acogida para víctimas. “Este espacio se enfocará en una de las fallas más peligrosas del proceso: el regreso de la mujer al hogar tras la denuncia, donde queda expuesta a represalias.
“Pretendemos que ellas, al entrar a esta institución, se sientan seguras. Pueden permanecer hasta 72 horas, junto a sus hijos, recibiendo apoyo psicológico y social, mientras las autoridades actúan contra el agresor -enfatiza Acosta García.
“Busca integrar en un mismo sistema a todas las instituciones involucradas (FMC, Policía, Fiscalía, Dirección Provincial de Justicia, Educación y Salud). La idea es que la mujer no tenga que peregrinar de una oficina a otra, sino que encuentre una ruta de atención coordinada. Debemos tener en cuenta que, en ocasiones, ellas llegan con los hijos, por eso es preciso este respaldo”.
El seguimiento posterior, con dinámicas familiares y visitas a los niños en las escuelas, completa un modelo que aspira a no dejar solas a las víctimas después del trauma inicial.
"El proyecto No Más, por su parte, es vital para asegurar estas garantías. Sus miras se centran en reactivar y fomentar el trabajo de las consejerías en suelo tunero. Una avanzada de profesionales comprometidos y con gran experiencia en la promoción de salud, podrán brindar los apoyos necesarios a quienes deciden romper el silencio y quieren dejar atrás los ciclos de la violencia.
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Una de las principales metas que dibujan las federadas para el 2026 es concretar, con el apoyo de los proyectos, un servicio integral e integrado, es decir, un centro donde puedan dirigirse las personas víctimas de violencia y reciban, en el mismo espacio, las atenciones que requieren. Muchas historias femeninas, ahora mismo, coinciden en la necesidad de este sitio y mejores cuidados en todo el proceso.
Otro de los temas a los que recientemente se ha volcado la sociedad cubana tiene que ver no solo con dónde denunciar la violencia física, sino, además, quién puede hacerlo y, sobre todo, si la víctima es la única con facultad de exigir la intervención de la ley.
Un hecho relativamente reciente en la capital del país convocó a sociólogos, juristas, activistas y pueblo en general en este debate, culminando con la puntualización especializada de que, si se tratase de hechos que son consecuencias de violencia de género o violencia familiar, para levantar la denuncia no es necesaria la concurrencia de la víctima o los perjudicados. Lo que nos pone ante el destierro del inmovilismo social. Sobre el tema 26 volverá próximamente.
Fernández González puntualiza al respecto que la violencia de género no está concebida en el Código Penal como delito propiamente dicho, aunque sí los cometidos como consecuencia de su ejercicio. Por tanto, no lleva sanción penal para el victimario, a menos que incurra en sucesos como, por ejemplo, las lesiones.
A las claras, la falta de una ley integral sobre la violencia de género sigue dejando un vacío notorio. También urgen nuevas disposiciones que nazcan del día a día, que se reescriban teniendo en cuenta la realidad de nuestras comunidades, el dolor de los familiares y amigos que tienen que lamentar la pérdida de otra mujer más.
Asimismo, hoy nos sigue faltando la formación continua de operadores del Derecho, funcionarios públicos y del orden, la sensibilidad social para desterrar estereotipos y, sobre todo, la creencia firme en la palabra de la mujer. La meta, lejana, pero clara, es que ninguna cubana necesite “llenarse de valor” para huir, porque el miedo habrá dejado de ser parte de su hogar.

