alina circuloLas Tunas.- En una ocasión expresó el maestro José de la Luz y Caballero: “Enseñar puede cualquiera, educar solo quien sea un evangelio vivo”. Tener presente esa sentencia engrandece a Alina, educadora del círculo infantil Futuros Constructores. Es dulce, clara, humilde, poseedora de una destreza sin par para formar a los príncipes enanos de los que hablara José Martí.

Acercarse a esta instalación educacional resulta agradable. Allí se percibe optimismo, cariño, disciplina y sentido de la responsabilidad. En uno de los salones, está Alina, acompañada de niños que entonan sus sueños y gozan de sus juegos. Ella les cuenta historias, rasga un papel, colorea con crayolas, da voz a los títeres y guía a los pequeños en el cuidado del medio ambiente para la vida en comunidad.

Fundadora de la institución, que llegó antes de que el centro abriera sus puertas, el 22 de julio de 1988 ya estaba allí, limpiando y acondicionando el lugar para recibir a los niños. El círculo se fundó el 26, pero ella ya formaba parte de esa historia. Desde entonces no ha dejado de trabajar. Este es su curso número 39. Solo los embarazos de sus dos hijos la apartaron temporalmente. “He tenido la suerte de no enfermarme mucho”, dice.alina1 circulo

Ha trabajado con todos los años de vida. Hoy está en un salón paralelo, que abarca desde tercer año hasta cuarto y quinto. “Este es el tercer calendario trabajando con quinto año”, precisa. “Esta es mi vida, mi otra casa”, expresa.

Tiene 56 años. Reconoce que aún le quedan cuatro para jubilarse. Sueña con reincorporarse cuando llegue el momento. No imagina la vida sin esa rutina de salir todos los días. “Son muchos almanaques yendo a trabajar. Sin hora de regreso”, comenta.

Las dificultades existen y no las esconde. “Tenemos carencias de muchas cosas, pero lo que no nos faltan son las ganas de trabajar y el amor por los niños”, afirma. “Faltan materiales para las artes plásticas, escasean los papeles de colores y las crayolas, pero ahí tenemos un poquito, siempre hay personas que ayudan”, cuenta. “Aunque no haya una caja de crayolas para cada niño, se arreglan para que el grupo trabaje por mesa. Y así logramos las cosas, poco a poco vamos resolviendo.

“Nadie sabe lo lindo que es el amor con que te tratan los niños. En la calle a veces me ven y me llaman tía, y digo: 'Ay, Dios mío, ¿quién será?'. Eso es bello”, dice.

Después de 39 cursos, Alina repite la frase que siempre la acompaña: “Si volviera a nacer sería otra vez educadora de círculos infantiles, porque para mí un niño es lo más grande que existe”.

 

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