Miércoles, 10 Octubre 2018 07:47

La Cuba que hacemos

Escrito por Freddy Pérez Pérez

Las Tunas.- El diálogo, el intercambio de criterios, formulaciones con una dosis de polémica, puntos de vista diferentes, confianza mayoritaria en los cambios... caracterizan el proceso de discusión del Proyecto de Constitución de la República de Cuba, cuando resta poco más de un mes (15 de noviembre) para su culminación de un extremo a otro del país.

Y es que el articulado y los títulos en que se subdivide el material en consulta pública y democrática, ha suscitado la mayor concurrencia que recuerde nuestra sociedad para enriquecer, modificar o eliminar contenido de un texto de esa naturaleza, en aras de que esté a la altura de nuestro socialismo y las nuevas circunstancias históricas, sin cambiar su esencia clasista, con el Partido Comunista como guía de la política y la ideología.

Es tan amplio el diapasón abierto a la espontaneidad en los debates, que recientemente escuché en el programa televisivo Hacemos Cuba la lectura de un correo electrónico enviado por un holguinero, en el que abogaba por el desmontaje de la propiedad estatal "por ineficiente" y rescatar la privada nuevamente, como si de hecho no existiera ese tipo de tenencia de bienes en la nación.

No se trata con la nueva Constitución de abolir la propiedad socialista de todo el pueblo, sino de hacerla más eficiente, pues en eso sí coincido y existen potencialidades para ello. Hay que aplicar las leyes del socialismo científico: la planificación, los costos, los elementos de mercado, la contabilidad, las finanzas, el uso racional del presupuesto aprobado y el máximo aprovechamiento de los recursos humanos en materia de producción y productividad del trabajo, piedra angular del desarrollo integral.

Aunque la inmensa mayoría de los cubanos, radicados dentro y fuera de la Isla, estos últimos en más de 100 países, opinan que jamás acudieron a un proyecto constitucional tan abarcador desde los diversos ángulos de sus enunciados, algunos aquí consideran que todo quedará como mismo está en el tabloide, sin adicionar nada de lo mucho aportado en las consultas.

De ser así, no tendría sentido convocar a una discusión desde la base hasta la superestructura del Estado, en busca de su perfeccionamiento, para más tarde someter el documento a su aprobación definitiva en referendo, luego de que sean incluidas las propuestas de cambios, adiciones, inclusiones o eliminación escogidas.

Lo que debe quedar claro es que esa gran avalancha de consideraciones resulta imposible condensarla en el cuerpo definitivo de la Carta Magna, porque la misma se conceptualiza de mínimo a máximo. Con las propuestas más atinadas se le dará el acabado y el resto de ese arsenal, será abordado en leyes, decretos-leyes, procedimientos legislativos, resoluciones y demás mecanismos que impulsen el mejoramiento de la sociedad en su conjunto. Señal de que todos hacemos Cuba.

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